Leonel y Hemingway en La Habana: the old man and the city.

15 08 2008

El escritor norteamericano Ernest Hemingway desembarcó en La Habana por primera vez en abril de 1928, en una larga travesía de Francia a Cayo Hueso. Lo acompañaba su esposa Pauline Pfeiffer, y ninguna huella en sus escritos testimonió impacto alguno de la breve escala. Sin embargo, a inicios de los años 30, la pesca de la aguja en las aguas del Golfo a bordo del “Anita y el paisaje social cubano (la dictadura de Machado) sí dejaron eco en sus crónicas para Esquire y piezas de ficción.

Su acercamiento a la ciudad y a Cuba fue paulatino “Cuba es esa larga, bella y desdichada isla frente a la que se deslizaba incansable la Corriente” y ya en 1938, al regreso de la Guerra Civil española, el olfato de Martha Gelhorn hacía de Finca Vigía el lugar limpio e iluminado imprescindible para escribir, y “base de operaciones” para Hemingway por más de 20 años. Aquí creó sus obras mayores, tuvo hogar estable junto a Mary Welsh y eternizó el contexto social y humano de la mayor de las Antillas. Único norteamericano capaz de declararse “un cubano sato”, los cubanos lo admiran y recuerdan con un amor imperturbable en el tiempo.

En esta exposición en el Museo del Ron Havana Club, Leonel Borrás re-visita los sitios consagrados por la saga habanera de Hemingway, hoy convertidos en templos de peregrinación para sus compatriotas que legal o ilegalmente visitan la isla. Cronista habitual de la Ciudad de las Columnas, enfrascado en un intenso batallar con la fluidez esencial del medio técnico elegido, la acuarela, Borrás ha asumido con obstinación –mas que definida intencionalidad- la tarea de reflejar la ciudad agitada que se despliega ante sus ojos: la arquitectura transida por el tiempo y la desidia, la frenética supervivencia de sus habitantes, los variopintos medios de locomoción, la luz intensa y clara que diluye las sombras y castiga la piel. Maestro de la acuarela, el artista desafía de modo implícito los nuevos paradigmas del arte cubano, centrados en las poéticas conceptuales mas que representacionales, metafóricas mas que retinianas, instalativas mas que pictóricas, en visiones que balancean la calidez gestual de la técnica con un enfoque distanciado, casi telemétrico.

Se trata también de un contrapunto entre texto e imagen, entre las visiones de un escritor que aprendió con Cezanne el principio del “iceberg”, y un plástico que “relee” visualmente –sin subordinaciones evidentes- los pasajes literarios referidos a puntos específicos de la ciudad. Son las calles –olorosas a café y pescado- que “Papa” recorrió y describió, los bares y cafés populares donde entabló amistades y peleas, las barriadas marginales y desembarcaderos, la recia arquitectura de los años 30-50, quienes desfilan en las sutiles acuarelas en homenaje a los textos del norteamericano más querido en Cuba. Borrás, con los medios a su alcance, ha asumido como propio un pensamiento de Hemingway: “Todo artista le debe al lugar que mejor conoce, el destruirlo o perpetuarlo”.

Abelardo G Mena Chicuri. Curator of Contemporary Arts at THe National Museum of Fine Arts, Havana Cuba. Coordinator of Rayuela Art Project of Ibero American cultural promotion. Had curated numerous exhibitions, author of the book Cuba Avant Garde, Contemporary Cuban Art from the Farber Collection. http://www.cuba-avantgarde.com

contact: probiz@cubarte.cult.cu, habanahoy@yahoo.es

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Pie de foto: Catedral de La Habana. Tomado de: http://www.traveladventures.org/continents/southamerica/images/habanavieja02.jpg


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