Nuevos horizontes de la pintura peruana: el caso de José Luís Carranza.

8 08 2007






Por “santa ignorancia”, muchos podemos creer que la plástica contemporánea peruana se limita a al nombre de Fernando de Szyszlo, o al de quienes como él, consiguieron posicionar su propuesta pictórica o escultórica en el teatro mundial del arte.

Pero sucede que al igual que en Colombia, la facultades de Bellas Artes del Perú, son un verdadero hervidero creativo en donde nuevos talentos, seria y disciplinadamente fundamentados, generan ambiciosas propuestas plásticas consecuentes explícita o implícitamente con su contexto nacional-socio-cultural; pero a su vez, a tono con el ritmo de los procesos artísticos que desde el año 2000 aprox. se vienen gestando vertiginosamente en el resto de Hispanoamérica.

El caso del joven pintor peruano José Luís Carranza, radicado en la capital de ese país, ejemplifica con creces esta afirmación. Precisamente el año pasado, fui honrado por él, con la invitación a escribir una crítica para su primera exposición individual, la cual tengo entendido fue todo un éxito; generando gran expectativa en los visitantes, al punto de que a finales del presente año, efectuará en otra importante galería limeña (la primera fue en la reconocida Galería Moll, con motivo de su 40º aniversario) su segunda exposición individual (serán dos pisos los que alberguarán esta vez su obra reciente) y sobre la que tengo el placer de haber sido nuevamente invitado a escribir un texto crítico introductorio.

Por lo pronto, me limitaré a presentar a continuación el texto que realicé para la primera individual del artista en cuestión, junto con la imagen del afiche oficial de la muestra. En los próximos días iré incorporando información que nos permita “historiar” y comprender el recorrido estético de este interesante pintor peruano, para así familiarizarnos con su obra; y finalmente cerrar el círculo con el texto que desde ya estoy preparando en relación con su segunda individual.

Desde la antigua capital del Gran Cauca, un fortísimo abrazo a Carranza, congratulándome por las buenas nuevas que he recibido en relación con su trabajo; quedando a la espera de noticias sobre su encuentro con Edna, Luís y Leonardo, amigos colombianos oriundos de Cartagena de Indias, quienes durante esta semana, camino a Buenos Aires, tendrán la oportunidad de encontrarse con él, en su taller del centro de Lima

Nada más.

***
BREVÍSIMA CRÍTICA

A propósito de la primera exposición individual del pintor
José Luís Carranza, en la Galería Moll, con motivo de su 40 aniversario.
Lima-Perú

[…] «Estas imágenes son suyas, poséalas. Lo representan: cúbrase con ellas como los brujos con sus mantos. Lo explican por encima de las apariencias: tenga fe en esta representación simbólica. Lo exalta: deje que el artista, único capaz de adelantar esta operación reevaluadora sin intereses creados, ni espíritu demagógico, ni deslizamientos hacia la retórica, lo proyecte fuera de sí mismo, en una materia y sustancia memorables.»
Marta Traba

“La Zona del Silencio”

La obra reciente de José Luis Carranza, rebosa de vida propia. Vida que es autotestimonio, certeza de una búsqueda sincera, que emerge beligerante desde sus entrañas, lisonjeando al unísono con Tanatos y Eros, para en virtud de este acto, posicionarse elocuente, revestida de color, en medio de la opaca y abrumadora teodicea del los tiempos de hoy.

“Anunciación”, palabra que inevitablemente nos remite a la pintura religiosa del medioevo o el barroco, es usada por el autor, para reseñar la pieza central de esta exposición. Astuto ejercicio, pues su pincelada consigue re-semantizarla prodigiosamente, mediante la condensación de la forma difusa en volúmenes netos, por medio de la simplificación de luces y sombras, para obtener así una deliciosa secularización del tema propuesto.

En esta misma línea, “Huída a Egipto” y “Entrada a Jerusalén”, evocan vagamente la intención manifiesta de los simbolistas franceses de preferir una “realidad” sugerida, a una representada. Y esto por que sus títulos y por ende su contenido, pueden asimilarse momentáneamente dentro del problema del arte religioso moderno, en donde la “música del cuadro” trata de invocar una existencia ultraterrena, decididamente aconfesional y por tanto ecuménica. En estos dos óleos, podemos identificar la imposición de valores significantes a todo lo que trata el cuadro, obteniendo un predominio del hecho pictórico sobre la “verdad” metafórica ahí plasmada.

Finalmente, “Gran expulsión del paraíso y “Guerra Santa”, reafirman la tendencia del autor, de optar por una restricción severa de los espacios, a través de lo cual obtiene la singular atemporalidad de su obra, junto con la eliminación constante de los puntos de referencia, evitando así, la simplista dispersión del volumen en la anécdota.

Oscar Hernández Correa
Popayán, Colombia
Abril de 2006.


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