Dos obras vaticinan el contenido del próximo XXXXI Salón Nacional de Artistas Colombianos (2008)

31 10 2007
Lo importante no es crear nuevos sistemas,
aportar nuevas ideas u ofrecer una teoría al mundo,
sino llevar el lenguaje a sus limites.
De ahí la reivindicación del término clandestino,
un concepto que invita a los artistas a pensar más allá de lo conocido,
asumido o permitido, forzando una imaginación activa en el espectador
para que éste cree, cambie y produzca
conexiones entre distintas posiciones estratégicas.

Anna María Guash, Arte y globalización


Dos obras de arte realizadas respectivamente por dos artistas colombianos, han generado durante este año sendos debates críticos y un subsecuente cubrimiento mediático tanto en nuestro país, como el resto del mundo, dando una idea de lo que muy seguramente veremos (o escucharemos, o las dos cosas) en la versión XXXXI del Salón Nacional de Artistas Colombianos (2008). Se trata de la instalación titulada «Masa crítica» de Fernando Uhía (obra ganadora del Premio Luís Caballero 2007 en su cuarta versión) diseñada y montada para la Galería Santa Fe, en Bogotá, y más recientemente otra instalación, titulada «Shibboleth» de Doris Salcedo, diseñada para la Sala de Turbinas de la Tate Modern en Londres, actualmente abierta al público.
«Masa crítica»

En el marco del reconocido premio de arte Luis Caballero, organizado por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, el artista bogotano Fernando Uhía, presentó el 7 de julio de 2007 su instalación «Masa crítica», pensada para encajar en el entorno arquitectónico de la Galería Santa Fe del Planetario Distrital.
Formalmente la obra estaba compuesta (pues ya fue desmontada) por 32 reproductoras de sonido (de fabricación china, todas iguales) que emitían simultáneamente sonidos grabados de películas de televisión (su artífice grabó los audios de alrededor de 300 cintas en 32 CD distintos). Además, siendo que la sala estaba completamente a oscuras, cada reproductora iba acompañada de una lámpara encendida (también todas iguales) de luz alógena.
El Tiempo.com del 13 de julio de 2007, registra la decisión tomada este año por el staff de jurados del Luís Caballero, compuesto por tres artistas, a saber: María Elvira Escallón, Ana María Lozano y Gustavo Zalamea (hijo de Marta Traba) afirmando que “Todos por unanimidad, otorgaron el premio a Uhía después de considerar la solidez formal y conceptual de su obra, y el aporte al campo artístico contemporáneo en Colombia”.
La misma noticia reprodujo seguidamente una breve entrevista realizada al artista, en donde expresó lo que buscaba transmitir con su instalación:
“Mi obra se trata de una crítica a la globalización del mundo. El direccionamiento hacia un solo discurso. Eso se nota en que solo hay un tipo de película. El malo siempre es de un país pobre, el bueno llega de un país rico, invade, mata y viola los derechos de todo el mundo y luego se devuelve. Es una forma de estandarizar el pensamiento y eso es terrible porque acaba con la personalidad de una nación” (ElTiempo.com / 13 de julio de 2007)
Dos días después, [esferapública] abrió en la red el debate en torno a «Masa crítica». Algunos post escritos por los miembros del blog (el primero dedicado en Colombia a la crítica especializada de arte y con altísimo seguimiento internacional) ensalzaron a Uhía y su propuesta, pero la mayoría destrozó sin reparos la instalación ganadora del Luís Caballero. Una de las intervenciones más radicales fue la de Jacinto Albarracín quien afirmó con respecto a la decisión tomada por el jurado que:
Este fallo nos indica que sigue causando estragos en Colombia esa tendencia del “arte conceptual” que dictamina que se puede armar una exposición con cualquier cosa, ojala sea enchufable para no dejar dudas sobre su contemporaneidad, así los cables estén regados por todas partes, pues para llamarla “instalación” es suficiente con botar las cosas al piso y punto.

El truco consiste en defender esa “acción” con un discurso farragoso, lleno de referencias, no importa si están mal puestas porque normalmente son tan mal estructurados que no se entiende nada, un texto que intimide al espectador y si es posible a los jurados y a los críticos; nuevamente el traje nuevo del emperador. Para eso resulta muy útil apropiarse de un concepto poco conocido de las ciencias humanas o de las ciencias (lo que resulta de más efecto) como “masa crítica” y luego colgarle cuanto significado “cultural” y “político” se pueda.
“La masa crítica se trata de una frase que se usa en física. Es la mínima cantidad de materia para que haya fisión nuclear. Es tener la mínima cantidad de sonido para que se produzcan imágenes en la cabeza de quien lo oiga”… “Son sonidos de televisión de películas de horario Triple A, en las que un gringo destruye un lugar del Tercer Mundo y luego cobra un montón de plata. Ese género de acción lo tiene uno en la cabeza y lo quiero potenciar para que la gente se haga la película”. Después de esta generosa explicación ya no tenemos dudas de lo que la obra significa y lo que debemos entender de ella. Luego basta con que algún “crítico” agregue en un foro de Internet comentarios como: “Es saludable que desde una obra se hagan preguntas sobre el ruido y que estas preguntas puedan relacionarse con la vida diaria, inclusive con el ruido de un pequeño foro de discusión sobre arte; la obra “Masa crítica” hace una critica que incluye a Esfera Pública, siendo Esfera Pública un espacio para la crítica”, para que mágicamente la obra termine hablando sobre todo. ([esferapública] 15 de julio de 2007)
Indiferentemente de si el conceptualismo ha invadido en su condición de fatua moda snob el escenario plástico del país, ahorrando gran cantidad de investigación y trabajo propiamente factual a un elevado número de artistas, la obra de Uhía resulta astutamente pertinente (sin importar tampoco que su significación resulte para muchos oportunista y forzada) para el momento histórico que todas y todos en prácticamente todas partes estamos atravesando, la galopante globalización.
A mi juicio, «Masa crítica» hace literalmente “eco” a través de sonidos extractados en su mayoría de películas gringas, de la pretendida homogenización del gusto cinematográfico a nivel mundial orquestado por la omnipotente industria de Hollywood y orientado particularmente hacia Latinoamérica. Siendo conscientes de que se trata de una invasión a hurtadillas en el mundo de las ideas de cada cinéfilo tercermundista, resulta severamente peligroso que el mensaje generalmente trasmitido por dichos filmes equivalga a “llover sobre mojado”, pues los altos contenidos de violencia explícita, corrupción, tráfico y consumo de drogas, estafa, robo, etc.; antes que sacar al espectador de sus penurias cotidianas, le recuerda que los antivalores del imperio colonizante no distan mucho de los propios, pero que por el hecho de provenir del imperio, deben ser recibidos con entusiasmo, so pena de resultar ignorante o carente de un gusto afin con la tendencia “global”.
La propuesta estética de Uhía es consecuente con los planteamientos de Marc Augé expresados en escritos como “Sobremodernidad: del mundo de hoy al mundo de mañana”, en donde este autor, al referirse al termino de “sobremodernidad” (por él propuesto), precisa que éste encierra una gran paradoja: la coexistencia de las corrientes de uniformización por un lado (que en «Masa crítica» se hacen evidentes en el uso de reproductoras chinas, mercado que al igual que el de la india está invadiendo con sus productos (no siempre de buena calidad) tecnológicos los circuitos mercantiles de la tierra, afectando principalmente a causa de la sobreproducción los débiles mercados de tecnología de América Latina; y también como lo dije anteriormente, por el uso de sonidos extraídos de películas gringas); y por el otro, las corrientes de particularismos identificables en actitudes políticas, económicas y culturales. (que volviendo al reconocimiento otorgado por el Luís Caballero a la instalación en cuestión, tendría sentido en el hecho de que oficialmente la obra premiada debe reivindicar su carácter de “arte colombiano”, pero que a simple vista es hiper- rebasado en el ejemplo que nos ocupa, a causa de su fuerte y universal contenido conceptual, pudiendo perfectamente ser creada por un artista chino para una galería en Shangai o por una artista gringa para el Guggenheim de Nueva York).

«Shibbolet»


La Tate Modern en Londres es para Europa lo que el Vaticano para los católicos, esto es el “Sancta Sanctorum” del arte, hacia donde “naturalmente” deben conducir todos los caminos de la plástica europea y mundial.
Fue precisamente esta institución cultural, la que invitó a una artista colombiana – la polifacética Doris Salcedo -bogotana también al igual que Uhía- , para que realizara una obra específicamente pensada para el emplazamiento arquitectónico de la denominada “Sala de Turbinas” (antigua fábrica, adquirida recientemente por la Tate para ampliar su área de exposiciones) de la misma galería. En respuesta a este “honroso” ofrecimiento, Salcedo aceptó gentilmente la invitación y en completo secreto se puso a la tarea de preparar durante casi un año la obra que se le solicitaba.
Lo que nadie se esperaba es que pasado el largo periodo de preparación de la misma, el día de la inauguración, el pasado 9 de octubre, el público presente en su inauguración no encontrara nada en el vasto espacio de la sala (¡horror vacui!), solo, y extrañamente, se observaba una grieta atravesado su superficiela cual iniciaba en un extremo del recinto con el grosor de un cabello, y terminaba en el otro con una anchura de casi 15 cts. y aproximadamente 9 cts. de profundidad, siendo su longitud total de 167 metros.
Sin más ni más, para despecho de algunos y alegría de otros, esa era la esperada obra de Salcedo. Es una escultura conceptual (como “magistralmente” la han denominado los críticos, incluyendo al director de la Tate) titulada por su autora como «Shibbolet», palabra hebrea que hace alusión a un pasaje del Antiguo Testamento que cuenta cómo los miembros de una tribu mataban a los de la otra que pronunciaban esa palabra de una forma diferente.
Como era de esperarse, la noticia de la “curiosa” obra de Salcedo dio la vuelta al mundo. BBC Mundo explicó en su edición electrónica del mismo día de la apertura de la exposición en un artículo titulado “canto contra el racismo” que:
Se trata de una escultura de la artista colombiana Doris Salcedo, quien en una entrevista exclusiva con BBC Mundo explicó el objetivo de su intervención.
“La obra lo que intenta es marcar la división profunda que existe entre la humanidad y los que no somos considerados exactamente ciudadanos o humanos, marcar que existe una diferencia profunda, literalmente sin fondo, entre estos dos mundos que jamás se tocan, que jamás se encuentran”.
“Yo creo que el racismo no es, digamos, un síntoma de un malestar que sufre la sociedad del primer mundo, sino que es la enfermedad misma”.
“El odio racista marca la vida, define cómo vivimos las personas en el mundo”. (BBC Mundo. 9 de octubre de 2007)
Por su parte El Periódico.com de Cataluña (España) del mismo 9 de octubre, en un artículo titulado “La Tate Modern exhibe como obra una grieta de 167 metros” afirmó que:
Shibboleth, un término hebreo que en el Antiguo Testamento alude a la exclusión de un individuo por parte del grupo, ha sido el título elegido para este trabajo, “perturbador, conflictivo y difícil”, según su autora.
La grieta zigzagueante “no tiene fondo y es honda como la humanidad”, explicó. Con tan dramática ruptura, Salcedo, cuyas politizadas obras se exponen en museos del mundo entero, ha querido “representar la brecha entre los europeos blancos y el resto de la humanidad”.
Nuevamente el El Tiempo.com del 15 de Octubre, en su artículo “Críticos y prensa exaltan en Londres a ‘Shibboleth’, la grieta de la artista bogotana Doris Salcedo” hace eco de la gran repercusión que ha tenido esta obra en la prensa británica:
El prestigioso diario The Guardian realizó un reportaje con expertos en arquitectura y construcción para que dieran algunas luces sobre la hechura de la ‘la grieta de Doris’ (como se ha empezado a conocer esta obra, según The Guardian). […] En el mismo artículo, la laureada arquitecta Ferhan Azman comenta: “¿No es esto grandioso? Funciona como arte para mí. Es sobre cómo nuestro entorno físico nos afecta. Mira qué inestable puedes sentirte en un edificio que tiene una enorme grieta en el medio”.
El Daily Telegraph, por su parte, consideró que “secciones de concreto del piso fueron desbastadas como zanjas”, mientras que The Independent dijo que se trataba de “moldes realistas”.
Los anteriores “recortes” de prensa nos permiten percibir grosso modo desde que “visiones de mundo” ha sido recibida la instalación de Salcedo, siendo algunas consecuentes con la intensión expresada (su teoría de la grieta racista que atraviesa la humanidad) por la artista a la hora de presentarla “en sociedad”; hasta los que simplemente se quedaron en comentarios formales, tibios o inocuos, limitándose a extrañarse por el hecho de que una grieta pueda constituirse en una “legítima” manifestación artística.
Indiferentemente de todos los anteriores aspavientos mediáticos, en mi concepto particular, la instalación de Doris Salcedo en la Tate es más que pertinente. Enmarcada claramente dentro del denominado “arte idea” pretende hacer un llamado o “grito” de atención a todos aquellos que hoy creen que las infinitas contradicciones (grietas insalvables) del sistema cultura han sido superadas. La obra es clara: la cultura occidental esta fracturada, una y otra vez se quiere colonizar (como lo planteara Edwar W. Said para el caso de oriente en su ensayo “Orientalismo”) lo que se desconoce desde las diletantes especulaciones de la “ilustrada” sociedad europea. El tercer mundo, los países en vía de desarrollo (nosotros) somos pauperizados desde el intelecto eurocéntrico. No es la pobreza física la que cuenta, es la pobreza moral e intelectual a la que desde hace más de 500 años se nos quiere continuar sometiendo. Empero surge un problema: el lugar desde el que se hace esta “denuncia estética”, la Tate. Esto puede leerse desde dos ángulos: O esta institución museal, cree en la valides y urgencia de la denuncia que Salcedo hace mediante su trabajo, hasta el punto de permitir que sea usada como “areópago” desde el que ésta artista levanta su voz en medio del teatro del mundo; o (lo factible) la Tate, como bastión de la “refinadísima” cultura británica (hasta hace poco oficialmente imperialista en virtud de sus colonias africanas y de ultramar ) “plural” y “libre” juegue a su modo el juego que Salcedo propone, en donde la jugada sería posibilitar la denuncia, para mediante ese gesto “lavar” sus manos, en cuanto a la cuota de responsabilidad que le cabe en la creación de miradas discriminativas y sesgadas que desde “Britania” se han lanzado sobre los pueblos del “continente de la esperanza”.
«Shibboleth» es una contundente manifestación conceptual de los grandes cambios que desde los últimos decenios viene experimentando Occidente. Esta grieta es hija de la intoleracia bimilenaria orquestada por los sistemas religiosos e ideologías mesíanicas, de la “sobremodernidad” enunciada por Augé y del temor que generan los grandes intereses ocultos identificados por Paul Virilio en su ensayo “Velocidad e información”. Es la más acertada (e inteligente) denuncia hecha desde la plástica contemporánea por una MUJER LATINOAMERICANA.
***
Oscar Hernández Correa
historien.art@gmail.com
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Fotos: “Masa crítica” [esferapública] / “Shibboleth” – pablogaravato – ElTiempo.com

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