Arqueología de lo cotidiano

29 01 2008

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CARLOS JIMÉNEZ 26/01/08

El País.com [España]

Murcia se suma a los grandes proyectos bienales de arte contemporáneo con Estratos, que tiene como comisario a Nicolas Bourriaud

Nicolas Bourriaud no se siente como algunos de esos comisarios estrella que van de un continente a otro organizando bienales y exposiciones como quien organiza megaconciertos de rock. Y eso que a él no le faltan credenciales para reclamar su ingreso por derecho propio en esa élite de deslumbrantes gestores culturales. Con apenas 42 años y un aspecto todavía muy juvenil, Bourriaud se dio a conocer en los años noventa como codirector del parisiense Palais de Tokyo, convertido en un centro de arte contemporáneo de referencia a escala internacional gracias a las ideas que expuso en un libro que pronto se hizo célebre: Estética relacional. El proyecto era abandonar la idea de la obra de arte cerrada sobre sí misma y entregada a la contemplación solitaria del espectador -que aún era el modelo imperante en los museos- sustituyéndola por la puesta en valor de aquellas obras capaces de estimular el intercambio y la interacción entre el artista, la obra y sus espectadores. El Palais de Tokyo se vio entonces desbordado por una multitud variopinta que con su desenfado subvertía la solemnidad del resto de los museos y centros de arte de la época.

“La historia es la caja de herramientas que hay que usar ante la amnesia que se impone globalmente”, dice Nicolas Bourriaud

De hecho, la forma como ha respondido a la petición que le hiciera Pedro Alberto Cruz -consejero de Cultura, Juventud y Deporte de la región de Murcia- de hacerse cargo de una gran exposición de arte actual no desdice de estos antecedentes, por lo que tiene de contraste con las prácticas impositivas habituales de los comisarios estrella. Él explica que la elección del tema de la misma se lo dictó la propia ciudad de Murcia. “Fue visitando por primera vez la ciudad cuando tuve la idea de la exposición”, cuenta. “Quedé fascinado por el hecho de que se compone actualmente de múltiples estratos históricos que, como los trazados de la ciudad árabe y los numerosos vestigios de la civilización musulmana, afloran bajo el presente europeo. Esta sedimentación histórica resulta una suerte de yacimiento arqueológico a cielo abierto en el cual el pasado y el presente coexisten y se reflejan mutuamente”.

Pero si la ciudad le inspiró el tema de los Estratos -que es el título a la exposición-, dos escritores y un artista fueron decisivos a la hora de articular el discurso y los contenidos de la misma. El primero es W. G. Sebald, “un escritor alemán, muerto hace poco, que me interesa mucho porque muestra cómo la memoria está diseminada en las piedras, en las casas, en las calles, en los paisajes y también en la gente. Él mezcla en sus libros el documental y la ficción, e incorpora al cuerpo del texto fotografías en blanco y negro sin pies de fotos ni ninguna otra leyenda. Su interés obsesivo está puesto en cómo el recuerdo de las personas y acontecimientos del pasado asedian nuestras vidas y dan forma al espacio que nos rodea”.

El otro escritor es Borges, “de quien sabemos que le gustaba citar al obispo Berkeley, quien afirmaba que el tiempo discurre desde el futuro hacia el pasado. En su relato Tlön Ubar Orbis Tertius, él imagina un pueblo que considera el mundo, no desde un punto de vista espacial sino desde una perspectiva temporal, de modo que no existen descubrimientos más que en el pasado: toda investigación es una arqueología, el presente es perpetuo”.

El artista es el norteamericano Robert Smithson, quien ha contado tanto para Bourriaud que él no vacila en afirmar rotundamente que “la exposición entera está organizada en torno a la imagen de una obra suya, que se titula Hotel Palenque, y que es una reflexión histórica, arqueológica sobre un sitio que es un lugar de turismo”. La obra es un object trouvé y consiste en la documentación gráfica producida por Smithson sobre un hotel, que era un verdadero palimpsesto arquitectónico debido a que sus dueños lo reformaban y volvían a reformar continuamente. Smithson, tan dado a la arqueología del futuro y a la superposición de distintas temporalidades, quedó fascinado por esa experiencia insólita. “Esta clase de interacción se podrá ver muy claramente en el conjunto exposición”, puntualiza Bourriaud. Y ante la posibilidad de que se le considere conservador por el énfasis que pone en la historia y la arqueología, aclara, además, que “el pasado no está mecánicamente abocado inevitablemente a la nostalgia. Pienso que el pasado nos da herramientas para entender el presente. Para decir algo sobre nuestro presente. El presente es lo que verdaderamente importa. La historia es una caja de herramientas y tenemos que usarla ahora que se impone la amnesia globalmente”, sentencia.

Hay quienes hablan ahora de la “bienalización” para referirse al fenómeno de la multiplicación de bienales por todo el mundo. En España hay de hecho tres que podrían ser cuatro si contamos ahora con Estratos como primera edición de la de Murcia. Y es evidente que detrás de esta proliferación está el interés de las autoridades de situar la ciudad que gobiernan en el mapa de la cultura, logro que intentan medir contabilizando el impacto mediático del evento y la cifra de visitantes del mismo. A Bourriaud este asunto no le preocupa con exceso. “Nadie puede ser feliz de no ver ningún feedback de una manifestación cultural”, aclara. “Eso sería un horror. Es como si no hubiera espectadores para una obra de teatro o lectores para un periódico. En cualquier caso, este aspecto no ha sido determinante para mi trabajo. Aunque hay que evitar la demagogia, pienso que Estratos es una exposición que puede ser leída por gente que conoce muy bien el arte contemporáneo y por gente que no se interesa. Y eso es algo común a todas mis exposiciones, que quieren hablar tanto a la gente que no conoce el arte como a la que no lo conoce muy bien. Por eso en todas ellas hay dos niveles, dos estratos si se quiere de lectura”.

Le pregunto qué piensa sobre la tesis que afirma que un comisario es un artista porque la exposición es la verdadera obra de arte actual. Y me responde que “la exposición es un medio de circulación que no se puede confundir jamás con una obra de arte. La voz del curador es un subtítulo que, en una buena exposición, no debe sobreponerse o anular las voces de los artistas. Yo, francamente, no soy un artista; si lo fuera, si fuera un artista, no sé… ¡ufff¡”.

Pero un comisario podría ser como el director de orquesta o el realizador de una película, le replico. “En este caso yo sería un director de documentales que es un género cinematográfico en el que gente que aparece en la película desempeña sus propios papeles”. Y cuando se le pregunta por la diferencia entre trabajar en París y hacerlo como lo está haciendo él ahora en Londres, responde: “Pienso que en Londres la escena artística es más fuerte en este momento porque también hay un mercado más fuerte. Hay una explosión increíble: en este momento hay más galerías en Londres que en Nueva York. Es un desafío interesante trabajar en una ciudad en donde hay tantas exposiciones, tantas cosas que hacer y que ver”.

Para la mayoría del público el arte contemporáneo le resulta un mar de confusión. Le preguntamos qué claves daría para orientarse en esa confusión. “Hay que pensar en el tenis. La primera vez que ves un partido sólo observas a dos tontos que intercambian una pelota sobre una cancha. Pero si te interesas por el tenis más y más, al final puedes distinguir entre un servicio de John McEnroe y otro de Rolf Lader. Luego resulta definitivo contrastar el arte con la realidad en la cual vivimos. En ese contraste, en esa especie de gap existente entre ambos, se puede entender mejor el arte y mejor lo que ahora mismo está sucediendo”.

La hiperinflación del mercado del arte empieza a presentar sus riesgos. “El arte no es tan diferente de las otras actividades humanas”, explica Bourriaud. “Y los problemas son los mismos en arte que en otros aspectos de la vida humana. No es sólo la hiperinflación de los precios del arte es la hiperinflación general de los precios”.

En ese sentido, parece un escándalo la venta del cráneo forrado en diamantes de Damian Hirst, vendido en 74 millones de euros. “Se puede ser tonto, se puede ser completamente tonto pero el cráneo de Hirst no es la cosa más seria entre las cosas que pasan en el mundo”.

Otro de los asuntos que preocupan en la actualidad es la capacidad de supervivencia del arte, ante el trato que le dan los medios. “Es lo mismo porque el problema de los media nos afecta a todos. Está ocurriendo, sin embargo, un hecho muy interesante y es que los periodistas están cada vez haciendo menos el papel de abogados de los lectores y más el de abogados de los artistas, por decirlo de esta manera”.

Estratos. Del 31 de enero al 31 de marzo. http://www.pacmurcia.com

Lea este reportaje en El País.com

*Fotografía: I pensatore di buche (2002), impresión sobre aluminio de Diego Perrone / El País.com


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