Tributo al vacío

27 02 2009



belthan-huws


elmundo.es
25/02/2009

El vacío se eleva a la categoría de arte. Nada que contemplar, nada que admirar. Y sin embargo, arte, al menos en su vertiente de significado e historia. Ésta es la apuesta, acaso arriesgada, del Centro Pompidou, que hasta el próximo 25 de marzo expone ‘Vides’ (‘Vacíos’), una retrospectiva de muestras vacías cuya génesis es una exhibición de Yves Klein en 1958.

El museo parisino reúne exposiciones que no han mostrado nada, dejando vacío el espacio para el que se habían previsto. Y había suficiente material para montar una retrospectiva, porque aunque suene absurda y transgresora, la idea ha sido recurrente en la Historia del arte contemporáneo, hasta el punto de haberse convertido en una especie de cliché.

Yves Klein abrió la veda con una exhibición que llevaba el rimbombante título de ‘La especialización de la sensibilidad en su estado puro’. Fue en 1958 en la galería Iris Clert de París. Desde entonces, se han sucedido diferentes exposiciones completamente diáfanas, cada una de ellas afirmando diferentes concepciones del vacío.

Distintas maneras de concebir la nada

Si para Klein es un medio para señalar el estado sensible, para Robert Barry representa el apogeo del arte conceptual y minimalista.

El vacío puede asimismo erigirse en expresión del deseo de vaciar una institución para modificar nuestra experiencia, como hizo en su obra el artista Stanley Brouwn. La nada traduce también la voluntad de vivir la experiencia de las cualidades de un lugar de exposición, un sentimiento que inspiró a creadores como Robert Irwin o Maria Nordman. El vacío es también radicalismo, tal y como lo concibió Laurie Parsons, quien anunciaba con su obra su renuncia a cualquier práctica artística.

Para Bethan Huws, el vacío permite celebrar la arquitectura del museo, enfatizando que el arte ya está presente y que no es necesario añadir obras de arte. Roman Ondak utilizaba el vacío para jugar con el espectador, sugiriéndole que había más de lo que podía verse en realidad. En el caso de Maria Eichhorn, el vacío asume el sentido de una reivindicación económica: dejando su exposición vacía en la Kunsthalle Bern en 2001, se ahorró dinero suficiente para renovar los fondos de la galería.

Todas esas concepciones del vacío, tan distintas e irremediablemente idénticas, confluyen ahora en las diez salas del Centro Pompidou habilitadas para una exposición original e introspectiva. Salas desnudas, privadas de cualquier ornamento, salvo el simple panel que recuerda al visitante las raíces del vacío expuesto. Un recordatorio que ayudará a comprender que el vacío no es invisible, no es carencia, no es negación.

Lea este reportaje en elmundo.es
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Pie de foto: Bethan Huws y su vacío de 1993, Corriere – elmundo.es


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